Publicado en El Periódico de Catalunya el 27 de enero de 2015

Seguramente recordarán la película The holiday en donde, gracias al servicio de intercambio de casas, Cameron Diaz y Kate Winslet encuentran el amor de su vida. Las dos chicas confían en una aplicación de internet para, sin ni siquiera conocerse, intercambiar las respectivas casas para vacaciones. Una situación que parecía poco verosímil en aquellos momentos y que años más tarde se ha popularizado hasta el extremo de que esta actividad apunta ser una de las ideas de más futuro de este siglo.

La película es del 2006 y un año más tarde nacía el concepto de consumo colaborativo de la mano de Ray Algar. En el 2010 comenzaba a popularizarse y ha sido a partir del 2012 que el movimiento empieza a fortalecerse en nuestro país. Un fenómeno que está suponiendo un auténtico y profundo cambio de modelo económico y cultural. Un cambio social y de comportamiento del consumidor que hace revivir la colaboración entre personas que en otras épocas muy lejanas ya se había dado.

En esta pasada década ya hablábamos de un consumidor inteligente, un consumidor que, empujado por la crisis, se ha vuelto camaleónico; ya no compra productos y marcas del mismo nivel o posicionamiento, sino que combina aquellas marcas con supuesto alto valor con aquellas de valor más bajo. Es decir, que es capaz de volar con una línea aérea de bajo coste y alojarse en un hotel de 5 estrellas al llegar al destino, que viste con ropa de marcas premium pero el abrigo es de una marca mainstream.

 

La red proporciona nexos infinitos entre consumidores que se convierten en compradores y vendedores a la vez

 

Un consumidor mucho más preocupado por su salud y la longevidad que protagoniza un consumo cada vez más individual fomentado por una actitud más individualista y por una mutación en la composición del hogar como unidad de consumo. De hecho, los datos del INE revelan que el tamaño medio del hogar continúa decreciendo y se sitúa ya en 2,53 individuos (2014). Hay que tener presente que el número de personas que viven solas sigue creciendo y ya alcanza el 24% (hace 20 años era solo el 4%). Asimismo, también se trata de un consumidor siempre conectado; las 24 horas del día, los 365 días del año. Este es quizá el cambio más significativo que ha convertido este consumidor inteligente y camaleónico en un consumidor colaborativo y a la vez más autosuficiente. La red ha proporcionado nexos infinitos entre consumidores que se convierten en compradores y vendedores a la vez.

Que no solo generan transacciones monetarias sino que también comparten lo que ya tienen y ofrecen servicios especializados a sus iguales. Los líderes del consumo colaborativo pregonan que compartir es la nueva forma de comprar, pero lo cierto es que la nueva forma de comprar es hacerlo a través de la red, de las plataformas, las webs y las redes sociales. El medio ha modificado el sistema de comprar y, en consecuencia, los actores de la función. Ya no son las empresas las que venden y los consumidores los que compran. Los consumidores lo hacen todo, compran, venden y comparten cualquier producto o servicio, incluso dinero, dejando parcial y temporalmente al margen a algunas marcas y empresas. Según un estudio reciente de la consultora internacional Hamilton.global sobre la economía colaborativa (enero del 2015 con 1.100 consumidores), en España el 46% de los consumidores declaran haber utilizado en alguna ocasión aplicaciones de economía colaborativa durante el 2014, ya sea para comprar, vender, alquilar o intercambiar algún producto o servicio de particular a particular a través de alguna aplicación en la red (app o web). Con diferencias importantes según las características de los consumidores y, sobre todo, de la edad. Los consumidores de más edad son menos propensos a utilizar las plataformas para consumir o comprar de forma colaborativa.

Los datos son comparables al estudio realizado el 2012 en EEUU por la consultora Campbell Mithun, que mostró un comportamiento similar. Aunque en aquellos momentos la penetración del consumo colaborativo era solo del 25%. Principalmente los consumidores han intercambiado, comprado o vendido productos de segunda mano a través de plataformas de compraventa, de entre las que destacan Segundamano, eBay, Milanuncios, Wallapop y uno de cada 10 también ha compartido trayecto, coche, párking, además de wifi de forma legal, libros e incluso alquiler de vacaciones, destacando aplicaciones como Blablacar, Uber, Airbnb, LaComunity, Rentalia o Niumba, muchas de ellas líderes del mundo en economía colaborativa. La ventaja económica que supone consumir o comprar bajo estas bases es lo que motiva a los consumidores a engancharse. El ahorro conseguido, que sea más barato o que en muchos casos sea gratuito, se convierte en la principal motivación para la mitad de los consumidores de este tipo de consumo. Que la oferta sea todo lo que hay en la red da sensación de tener una gran disponibilidad de productos y servicios que a la vez algunos consumidores lo traducen en rapidez y facilidad de compra.

 

La clave es la confianza

 

Sin embargo, hay un gran freno: la confianza en las plataformas, en el vendedor o prestador del servicio, o en que los bienes puedan romperse o incluso robarse. Estas son las principales barreras para que haya un uso más extensivo. Además, el desconocimiento es mayúsculo. La falta de conocimiento en el funcionamiento del modelo, de las plataformas y de las posibilidades que el sistema ofrece es el otro gran freno para el arranque definitivo del consumo colaborativo. Sin duda, esta confianza será la clave para el incremento de actividad bajo el modelo de economía colaborativa; una confianza que tiene dos ejes principales: por un lado, el consumidor con el que intercambias, compras o vendes el producto o servicio y, por el otro, la confianza en la plataforma o la marca que ejerce como vertebrador del intercambio. Creo sinceramente que el futuro del modelo se impondrá y cambiará la forma de relacionarse de los consumidores, compradores, vendedores, marcas y empresas. No solo porque algunos expertos dicen que esta será una de las 10 ideas que cambiará el mundo en este siglo, sino porque la mayoría de estudios realizados sobre economía colaborativa indican que en los próximos años habrá un crecimiento exponencial del número de consumidores que optarán por este cambio en la manera de consumir y comprar.